Florencia
Linda, ruidosa, caótica. No fue mi ciudad favorita del top, definitivamente, pero no estuvo mal. Tiene algunas cosas muy, muy bonitas, como la Basílica, pero qué contento estoy de haberme dado cuenta con antelación de que no era mi tipo de lugar. Disfruté mucho más de la tranquilidad e individualidad nórdica. Se socializa cuando se puede, el ruido es menos frecuente y todo está mucho más ordenado. Y ojo, no digo que la calidez "latina" o la calidez de los países mediterráneos no sea bonita, pero no es para nada lo que busco yo, puntualmente. Creo que prefiero mantener esa calidez puertas para adentro, o en mi círculo íntimo. O, incluso, en los extraños momentos adecuados . Un poco supongo que es el agotamiento de lo que vivo habitualmente, pero es lo que me pasa, en cualquier caso. En fin: lo que debo destacar sin dudas, mucho más barato que los países nórdicos, y rica comida. ¡Muchas opciones de comida típica sin gluten! Se agradece.